¿QUÉ ES UNA PERSONA CARNAL?

“De manera que yo, hermanos, no puedo hablaros como espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo… porque aún hay entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Cor. 3:1, 3).
La persona carnal no ha crucificado la carne, sino es llevado por sus pasiones, deseos y ambiciones carnales. Se mueve para satisfacer sus necesidades naturales: para sentirse importante, para cubrir sus necesidades emocionales y efectivas, para sentirse útil e importante y para realizarse. Hace las cosas que salen de su carácter y personalidad carnal. Su viejo hombre está en control. “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:7, 8).
No es una opción ser un creyente carnal. Es una contradicción en términos. Es una tortilla cocida por un lado y cruda por el otro. No está hecha. No se puede comer. No sirve. Solo vale si todavía se está cocinando. Pablo no solamente dice que los que viven según la carne no pueden agradar a Dios, sino que morirán: “Así que hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:12, 13). Está hablando de la muerte espiritual, la suerte del inconverso. El que vive según la carne, para seguir con nuestra ilustración, no es una tortilla que se está haciendo; está servida en la mesa media cruda y no sirve para comer.
El que realmente es creyente no vive según la carne, pero según el Espíritu: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9). Pero ¿qué pasa con el creyente carnal? Él vive según la carne. ¿Cómo, pues, puede referirse Pablo a los carnales como “hermanos” (1 Cor. 3:1)? Están a medio cocinar. Si realmente son de Cristo, madurarán. Si optan por vivir en la carne, y se justifican y no se arrepientan, evidencian que no son convertidos. Solo es justificable vivir según la carne si uno está en proceso de maduración. “Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones” (Gal. 5:24). “Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gal 2:20). Un niño en Cristo no es un hombre en Cristo hasta que termina de madurar. Si nunca madura, es una tragedia, como un babé que no se desarrolla.
Una persona carnal crea mucha confusión. Hace mucho daño. Crea problemas y conflictos (1 Cor. 3:3). Es creyente y no lo es. Creo que podemos decir que si alguien se instala en la carne como modo de vivir y lo ve bien, no es convertido. Pero si está en transición y está madurando, está etapa es admisible. Es comprensible que un recién convertido todavía arrastra cosas de su vieja vida, pero si opta por vivir según la carne, no ha conocido a Cristo, porque “los designios de la carne son enemistad contra Dios”. El niño en Cristo, el que realmente ha conocido al Señor, tiene muchas ganas de madurar y está poniendo de su parte para salir de esta etapa y ser un creyente espiritual.