CINCO RETRATOS DE CRISTO

“Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú guardarás mi casa, también guardarás mis atrios y entre estos que aquí están te daré lugar” (Zac. 3:7).
Vamos a intentar coordinar toda la información que hemos estado meditando en estas últimas semanas acerca de la actividad de Jesús antes de venir a este mundo, su recepción cuando vino, y su ministerio presente.
En el primer capítulo del profeta Zacarías vemos a Jesús in forma del Ángel de Jehová intercediendo por Jerusalén. Está montado en un caballo rojo y se encuentra en un valle entre mirtos mandando a los ángeles bajo su mando a investigar el estado de Jerusalén después del retorno de los cautivos. Cuando le informan que todavía está en ruinas, intercede: “Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalén, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años?” (Zac. 1:12). Amaba a Jerusalén y rogaba encarecidamente al Padre por ella.
Cuando los magos del oriente anunciaron en Jerusalén que su Mesías había nacido, la reacción de la ciudad fue de turbación: “Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él” (Mateo 2:3). Nadie de Jerusalén hizo el corto viaje de unos ocho kms. a Belén para adorar a su Rey. De entrada Jesús fue rechazado por esta ciudad por la cual él había intercedido antes de tomar forma humana. Este fue al principio de su vida, y el final fue igual. Jesús lloró sobre ella: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos!, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste” (Mat. 23:37). Jerusalén le rechazó: “Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César. Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado” (Juan 19:14-16).
¿Y cuál es su ministerio presente? Lo mismo que antes de venir a este mundo, cuando se encontraba entre los mirtos: interceder por su pueblo. No ha dejado de amar a Jerusalén. Es prefigurado en la persona del sumo sacerdote Jesúa de Zacarías 3. Jesús ha reunido las condiciones para ser nuestro Sumo Sacerdote e Intercesor: “Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú guardarás mi casa, también guardarás mis atrios y entre estos que aquí están te daré lugar”. Anduvo en los caminos de Dios a la perfección durante 33 años. Guardó las ordenanzas de Dios. Entonces se le concedió ser Guardián de la Casa de Dios y tener el lugar por excelencia delante de Dios como Intercesor único: “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (Heb. 7:25, 26). Alabado sea Dios por Aquel que nos ha amado con amor eterno.