EL EVANGELIO DESDE LA PERSPECTIVA HUMANA (2)

“Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gen. 6:5).
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombre que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen escusa” (Rom. 1:18-20).
Vamos a mirar tres textos que resumen la condición humana, empezando con el clásico, Romanos 1:18-3:20. Notamos que empieza hablando de nuestro pecado, no del remedio, porque hay que entender bien la gravedad de nuestra enfermedad antes de hablar de la solución de Dios. Nuestra maldad tiene un fundamento triple: (1) la impiedad, (2) la injusticia y (3) la necedad.
(1) La impiedad. La impiedad significa vivir si como Dios no existiese. Es emanciparnos de Él y vivir a nuestra manera, dándole la espalda. Es destronarle y colocarnos a nosotros mismos sobre el trono. Pensamos que dirigimos nuestra vida con nuestras facultades mentales, pero realmente estamos siendo gobernados por nuestros apetitos más bajos. Creemos que podemos controlarnos a nosotros mismos, pero nuestros apetitos nos dominan y somos esclavos de ellos. Yo soy el más importante de mi mundo. Pienso en cómo puedo satisfacer mis deseos y promocionar mis intereses, y esto me hace egoísta. Termino buscando mi propio bien, sacrificando el bien de otros, y esto me conduce al segundo fundamento…
(2) La injusticia. En mi vida se ve la injusticia en mi relación con otros. Yo soy el primero y pisoteo a los demás para salir con lo que me interesa. Al final, termino haciendo daño a otros, cosa que nunca tuve la intención de hacer.
(3) La necedad. El tercer fundamento que sostiene mi maldad es la necedad. La necedad es el pensamiento humano sin Dios. El ser humano es incapaz de vivir sin un marco ideológico. Si no tengo respuestas para la preguntas importantes de la vida: ¿Por qué esto aquí? ¿En qué consiste la vida? ¿A dónde voy?, entonces vivo según la corrección política, no según un sistema coherente, bien elaborado. Esta generación es ecléctica, coge un poco de aquí, y un poco de allí para formar su filosofía de la vida. Cualquier sistema de pensamientos que prescinde de Dios se eleva sobre premisas erróneas. Finalmente mi fundamento falso colapsa, y todo lo que he construido encima se derrumba. El ser humano sin Dios comete injusticias y justifica su vida con algún sistema que ha fabricado él mismo. Esto es la necedad. Es una trilogía trágica.
El segundo texto es Efesios 2:1-3. En él sale otra trilogía: el mundo, la carne y el diablo. Cuando digo que voy a vivir a mi manera, me entrego a estos tres elementos. Si Dios no guía mi vida, ¿quién lo hace? ¿Yo? No, el mundo. Soy dirigido por la prensa, la televisión, las opiniones de otros, y los gurús de nuestro mundo. Por ejemplo, los jóvenes siguen la moda. Si no es la marca de moda, no compran los zapatos. No está de moda que las mujeres lleguen vírgenes al matrimonio, ¡ni que haya boda! La gente piensa que es libre, pero detrás de sus decisiones está el mundo, y detrás del mundo, Satanás.