EL HIMNO DE LA REFORMA (3)

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1).

Castillo fuerte es nuestro Dios, defensa y buen escudo.
Con su poder nos librará en todo trance agudo.
Con furia y con afán acósanos Satán:
Por armas deja ver astucia y gran poder;
Cual él no hay en la tierra.

Nuestro valor es nada aquí, con él todo es perdido;
Mas con nosotros luchará de Dios el escogido.
Es nuestro Rey Jesús, El que venció en la cruz,
Señor y Salvador, y siendo El solo Dios,
El triunfa en la batalla.

Y si demonios mil están prontos a devorarnos,
No temeremos, porque Dios sabrá cómo ampararnos.
¡Que muestre su vigor Satán, y su furor!
Dañarnos no podrá, pues condenado es ya
Por la Palabra Santa.

Esa palabra del Señor, que el mundo no apetece,
Por el Espíritu de Dios muy firme permanece.
Nos pueden despojar de bienes, nombre, hogar,
El cuerpo destruir, mas siempre ha de existir
De Dios el Reino eterno. Amén.

Martin Lutero 1483-1546

Si se canta este magnífico himno en tu iglesia, eres excepcional. No figura en la mayoría los cancioneros que usamos hoy. Es incoherente celebrar las glorias de la Reforma y desconocer sus fundamentos. El himno de Lutero plasma grandes verdades. Dios es nuestro Castillo impregnable. Estamos inmersos en una guerra contra el diablo y sus fuerzas en la cual, o bien luchamos, o bien estamos bajo su dominio sin darnos cuenta. Este es el estado de cada ser humano. El enemigo es poderoso, sagaz, y se mueve con odio malicioso para destruirnos. En nosotros mismos no está la fuerza para resistirle, pero el Señor Jesús está de nuestra parte, y nos ha dado su Espíritu y con Él tenemos la victoria asegurada. Tenemos el Espíritu Santo y los dones del Espíritu para ayudarnos. Aunque todos los demonios del infierno luchen en nuestra contra no tememos, porque sabemos que están condenados ya y que Cristo ganará la batalla. Aunque nosotros perdamos bienes, familia y aun la propia vida, la Palabra de Dios siempre prevalecerá y el Señor Jesús saldrá victorioso. ¡El Reino de Dios es indestructible! Amén.