GUARDADOS EN LA CLOACA

Una amiga me mandó un video-clip que me hizo pensar. Se trata de una pata con su polluelo al lado de una reja que cubre una cloaca al borde de la carretera. Mira la reja. Detrás de ella se ve un descampado con hierba alta. Van pasando coches. Llegan dos bomberos y sacan la reja de la cloaca mientras la pata espera mirando, “cuac, cuac, cuac”. El bombero se pone de rodillas en el suelo al lado de la cloaca abierta, mete la mano en el agua asquerosa y empieza a sacar patitos. Uno, dos, tres, cuatro. Se los pone uno por uno, todo mojado, en la acera y se van corriendo a la madre. Ella vuelve a su nido en el descampado y los polluelos le siguen, pero todavía se oyen más cuac cuacs desde la cloaca. El bombero se tira al suelo, mete el brazo casi hasta al hombro en el agua sucia y saca el último polluelo que también va corriendo hacia la madre. Se la ve otra vez en el nido al lado de la carretera rodeada por sus polluelos.
En la escena siguiente se ven los bomberos con un gran saco de arpillera (tela de saco) al lado de un río limpio. Abren el saco y se va corriendo el pato hacia el agua y los polluelos la siguen, y van nadando río abajo en su nueva casa.
No pude por menos pensar en que, si no hubiesen caído por el espacio entre las barras de la reja a la cloaca, seguramente se habrían muerto atropellados por el tráfico de la carretera. ¡Dios los había guardado en la cloaca! Fue su lugar de protección hasta que mandase gente compasiva a sacarlos de allí y llevarlos a un lugar seguro.
No sé que cómo el Señor te ha guardado a ti. Puede ser que habías caído a una cloaca cuando te encontró alguien que te echó una mano y te habló del evangelio. Puede ser que tu casa era como una pocilga, un lugar repelente donde pasaste todo lo peor. A lo mejor te enfadaste con Dios por haberlo permitido. ¿Por qué me diste unos comienzos tan malos? El caso es que Dios te estaba guardando allí. Si te hubieses metido en la carretera, igual no lo cuentas. La cloaca era tu lugar de protección. Allí el Señor te tenía esperando hasta que vino el rescate. En lugar de guardar resentimiento contra Dios por haber permitido la mala vida de la cloaca, puedes darle las gracias, porque aquello era el lugar donde te iba a cuidar hasta cambiar tu vivienda por otra, mucho más adecuado para ti. Vemos la mano de Dios en el rescate, pero también la tenemos que ver en la primera fase, la preparación para el rescate. Si los polluelos no hubiesen caído a la cloaca, no habrían venido los bomberos para llevarles al río. Y si no hubieses estado en un mal ambiente, igual no habrías respondido al evangelio y no habrías visto tu necesidad de un nuevo comienzo en otro lugar.
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28), esto incluye las cloacas donde hemos estado. Allí el Señor nos tenía guardaditos hasta que pudiésemos ir a nuestro nuevo lugar. Siempre hay amor detrás de todo lo que Dios hace.