LA CORONACIÓN DEL SUMO SACERDOTE (2)

“Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová. El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos (oficios)” (Zac. 6:12, 13).
Cuando los escritores hebreos querían enfatizar una idea, la repetían dos veces como Zacarías lo hace aquí: “Sí, edificará la Casa de Yahvé” (v. 13, BTX). El Renuevo es el que realmente va a edificar la Casa de Dios. La Casa de Dios es la familia de Dios y es también el Templo de Dios y es también la Iglesia del Dios vivo. Dios solo tiene una Casa, no dos. Nosotros los gentiles también formamos parte de la familia de Dios juntamente con nuestros hermanos los judíos creyentes, los que han puesto su fe en Cristo su Mesías. Hemos sido injertados en su árbol familiar y somos herederos de las mismas promesas. Aquí tenemos la promesa que el Mesías “edificará el templo de Jehová”. Y cuando vino Jesús, comenzó la obra. Él es la piedra del ángulo y la piedra de remate, la primera piedra y la última, el Alfa y la Omega, como hemos dicho. El dijo: “Edificaré mi iglesia; y las puertas del hades no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18). Dice “las puertas del hades”, porque hades es el lugar de los muertos, y los que no conocen a Cristo están muertos en sus delitos y pecados (Ef. 2:1), pero esto no es ningún obstáculo para Cristo: ¡los resucita y los da nueva vida!
Jesús no trabaja solo en la construcción del Templo: “Y los que están lejos vendrán y ayudarán a edificar el templo de Jehová” (v. 15). Aquí estamos profetizados tú y yo. Los de lejos somos los gentiles y colaboramos con Él en la evangelización del mundo. Cada convertido es una piedra viva en el Templo que está construyendo el Señor Jesús. El judío Pedro dice esto de nosotros después de hablar del Templo de piedras vivas: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otros tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios” (1 Pedro 2: 9, 10). Aquí estamos nosotros en las Escrituras.
Después de coronar al sumo sacerdote Zacarías tenía que dar la corona a los hermanos que habían vuelto de Babilonia para que la guardasen hasta que el Templo estuviese terminado: “Las coronas servirán a Helem, a Tobías, a Jesaías y a Hen hijo de Sofonías, como memoria en el templo de Jehová” (v. 14). Allí se quedaría por largos siglos esperando la llegada del Mesías. Serviría de recuerdo para mantener viva la esperanza mesiánica.
El Mesías ya ha venido, ha comenzado a edificar el Temple de Dios, está bajo construcción, y todavía estamos esperando, esta vez a que vuelva. Un día veremos al Señor Jesús, el Mesías y Rey de Israel, con aquella corona puesta.