LA MUJER EN EL EFA QUE VOLABA

“Y dije: ¿Qué es? Y él dijo: Este es un efa que sale. Además dijo: Esta es la iniquidad de ellos en toda la tierra. Y he aquí levantaron la tapa de plomo, y una mujer estaba sentada en medio de aquel efa. Y él dijo: Esta es la Maldad” (Zac. 5: 6-8).
Esta es ya la séptima visión de Zacarías. Es de una mujer sentada en un canasto para medir grano, todo fuera de proporción, grotesco. (Un efa mide 22 litros o 20 kilos y una mujer normal no cabe allí dentro). La mujer en la efa simboliza la corrupción en el comercio que contaminaba Israel. Los comerciantes habían falsificado las medidas para ganar más dinero a expensas de los pobres que dependían del grano para sobrevivir. Se había apoderado de Israel un espíritu comercial de ganancia deshonesta. Daban menos grano y cobraban más por ello. La efa llena significa que la iniquidad había llegado a su límite y, por lo tanto, que Dios tiene que juzgarla. La tapadera de plomo nos dice que Dios controla la maldad, la tiene contenida. Y la mujer dentro obviamente está fuera de lugar. La mujer, en el mal sentido ético, simboliza aquello que esta fuera de lugar en la religión (Mat. 13:33; Ap. 2:20). La iglesia apóstata está simbolizada por una mujer inmoral, llena de avaricia y lujo y “comercialismo” (Ap. 17:1-6; 18:3, 11-20). Así que esta visión dice que el juicio de Dios está por caer sobre la corrupción en el comercio que ha contaminado Israel y ha llegado a su colmo.
Los judíos adquirieron en Babilonia el vicio de la ganancia deshonesta y el afán materialista de tener cada vez más. En la visión vienen dos mujeres volando con alas de cigüeña y se llevan la cesta a Babilonia. Aquel intenso espíritu comercial (Neh. 5:1-9; Mal. 3:8), el deseo capitalista insaciable de tener más y más, había sido extraño a Israel y tiene que volver al extranjero de donde vino, a Babilonia.
El profeta pregunta: “¿A dónde llevan el efa?” (v. 10). El juicio de Dios es devolverlo a Babilonia a donde pertenece. Ha de ir: “A la tierra de Babilonia, donde construirán un templo para el canasto. Luego, cuando el templo esté listo, colocarán el canasto sobre un pedestal” (v. 11, NTV). Los judíos habían vuelto del exilio para edificar un templo para Dios, pero los materialistas que practican la ganancia deshonesta, ¡que se vuelvan a Babilonia y edifiquen un templo allí para su dios, el dinero, y que lo pongan en un pilar para adorarlo!
La iglesia profesante de hoy, la que pasa por iglesia pero que no lo es, permite la iniquidad en el negocio. Adula a los ricos, pero Dios los advierte: “Oigan las protestas de los obreros del campo a quienes estafaron con el salario. El dinero que no les pagaron clama en contra de ustedes. Los reclamos de quienes les cosechan sus campos han llegado a los oídos del Señor de Ejércitos Celestiales. Sus años sobre la tierra los han pasado con lujos, satisfaciendo todos y cada uno de sus deseos” (Sant. 5:4, 5; NTV). La que profesa ser iglesia está corrompida hasta la médula por el espíritu comercial de ganancia deshonesta. Es el espíritu de Sinar, de Babel, el espíritu de confusión doctrinal, como el nombre indica (Gen. 11:9). Este espíritu no tiene cabida en la Iglesia de Dios viviente y espera su juicio (Ap. 18).
Como en la visión anterior, no hay lugar en el verdadero Israel de Dios para los que adoren al dios de este mundo. Vendrá sobre ellos el mismo juicio que cayó sobre Babilonia, que representa el mundo que se levanta en contra de Dios. El pueblo de Dios ha da andar en santidad de vida.