LOS CUATRO CARROS DE GUERRA

“Entonces levanté la mirada otra vez y vi cuatro carros de guerra que salían de entre dos montañas de bronce” (Zac. 6:1).
Ayer vimos que Dios condena el espíritu del comercio materialista que desafortunadamente ha dado mala fama a los judíos hasta el día de hoy. Para los que lo poseen llega a ser como una religión la cual es incompatible con la fe en el Dios verdadero.
Hoy en la octava visión vemos como Dios sale de su santa morada para hacer la guerra. Las dos montañas de bronce representan las dos grandes columnas de bronce que adornaban la Casa de Dios en Jerusalén, pero estas dos montañas son más altas y, por lo tanto, tienen que representar su morada celestial, el sede de su gobierno. “Calle toda carne delante del Señor, porque Él se ha levantado de su santa morada” (2:13). El ángel le dice a Zacarías que los cuatro carros son “los cuatro espíritus del cielo que salen después de presentarse delante del Señor de toda la tierra” (v. 5, NVI). Los carros van por todas partes para imponer el gobierno de Dios en todo lugar, especialmente en la tierra del norte, es decir, la tierra del enemigo. Los enemigos de Israel siempre han atacado desde el norte: Siria, Asiria, Babilonia. Dios ahora pone fin al despotismo y a la tiranía, hace retribución, y los sojuzga bajo su gobierno, haciendo justicia en la tierra. Esto a Dios le da descanso: “Mira, los que salieron hacia la tierra del norte hicieron reposar mi Espíritu en la tierra del norte” (v. 8).
Josué y Zorobabel tienen la tarea difícil por delante de reedificar el Templo en un mundo hostil que parece invencible y hace todo lo posible para frustrar sus esfuerzos. Esta visión es una buena noticia para ellos. Les dice que Dios gobierna sobre sus enemigos. No tienen que tener temor de ellos.
Ya hemos visto las 8 visiones que tuvo Zacarías en una sola noche, la “del día 24 del mes segundo del rey Darío” (1:7). Juntos forman un conjunto. Los primeros tres hablen del retorno de Dios: “Yo ha vuelto a Jerusalén con misericordia; en ella será edificada mi Casa” (1:16). Los últimos tres dicen que el pecado será desterrado de Israel, y culminan con el juicio de Dios sobre sus enemigos y su reino y gobierno establecido en todo el mundo. En medio tenemos dos visiones que hablan de Zorobabel y Jesúa, que representarán al pueblo delante de Dios y edificarán el Templo, respectivamente prefigurando al Señor Jesús como nuestro Representante delante de Dios, el que realmente edifica el Templo de Dios. El último mensaje de Zacarías es que un día su reino extenderá hasta los cuatro confines de la tierra. Él someterá a sus enemigos bajo sus pies y traerá paz a la tierra.
Ya que Jesúa y Zorobabel saben todas estas cosas, pueden proceder con su deber, el trabajo al cual Dios los ha llamado. Es su grano de arena dentro de todo el panorama de Dios. Y nosotros, lo mismo. Sabemos cómo la historia culminará, pero de momento debemos seguir adelante con el trabajo que Dios nos ha llamado a realizar. ¡Tenemos trabajo que hacer!