NACIÓ EL HIJO ETERNO

“Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio” (1 Juan 2:13).
Al empezar un nuevo año somos conscientes de que no es un nuevo año para Dios. Él vive fuera del tiempo y engloba todo el tiempo dentro de sí mismo. Nosotros somos criaturas del tiempo. El eterno Hijo de Dios que entró en la historia desde fuera del tiempo es aquel cuyo nacimiento hemos celebrado en estos días, tal como fue profetizado: “Pero tú, Belén, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2). Este himno antiguo, que cantaron nuestros padres hace más de 1,500 años, plasma estas verdades:
Del amor del Padre engendrado antes de que los mundos comenzasen a existir,
Él es Alfa y Omega, Él es el origen, la final es Él, de las cosas que están, que han estado, y que verán los años venideros, para siempre y para siempre.
O qué nacimiento para siempre bendecido, cuando la Virgen, llena de gracia,
Por medio del Espíritu Santo concibió y dio a luz al Salvador de nuestra raza;
Y el Bebé, el Redentor del mundo, primero reveló su sagrada cara, para siempre y para siempre.
Este es el de quien, en tiempos antiguos, los videntes cantaron a unísono,
De quien las voces de los profetas prometieron en su palabra fiel;
Ahora brilla él, por tanto tiempo esperado; que la creación alabe a su Señor, para siempre y para siempre.
O vosotras alturas del cielo, adoradle; huestes de ángeles, cantad sus alabanzas;
Poderes, dominios, postrad delante del él, y load a nuestro Dios y Rey;
Que ninguna lengua en el mundo guarde silencio, cada voz en concierto suene, para siempre y para siempre.
Que a ti, oh Cristo, con Dios el Padre, y, a ti, o Espíritu Santo,
Se dediquen himnos y cánticos y altas acciones de gracias, y alabanzas incansables: Honor, gloria, y dominio, y victoria eterna, para siempre y para siempre. Amén.

Aurelius Clemens Prudentius, 348-413

¡Cuánta teología está encerrada en este himno!, y cómo nos inspira a unir nuestras voces con las suyas en alabanza, gratitud y loor al que vive para siempre y para siempre. ¡Que su Nombre sea proclamado en este nuevo año, que su evangelio se extienda, que su reino crezca por todo el mundo, y que venga pronto para reinar para siempre y para siempre! Amén.