OTRO HIMNO DE LA REFORMA

Este himno fue escrito por Matthäus Apelles von Löwenstern (1594-1648) durante el gran conflicto religioso que vino a continuación de la Reforma:
Señor de nuestra vida y Dios de nuestra salvación, estrella de nuestra noche y esperanza de toda nación; Oye y recibe la suplicación de tu Iglesia, Señor Dios Omnipotente.
Ve cómo alrededor de tu arca la tempestad amenaza, ve como tus enemigos alzan sus banderas; Señor, aun mientras lanzan sus dardos envenenados, Tú puedes preservarnos. Amén.
Señor, tu puedes ayudarnos cuando la armadura terrenal falla; Señor, puedes salvarnos cuando el pecado mortal asedia; Señor, contra tu roca, ni la muerte, ni el infierno prevalecen; concédenos tu paz, Señor.
Paz en nuestros corazones, nuestros pensamientos malos tranquilizando, paz en tu Iglesia, donde hermanos combaten, paz cuando el mundo está envuelto en guerra; calma la furia de tus enemigos.
Concédenos tu ayuda hasta que logremos que retrocedan; concédelos tu verdad, para que puedan ser perdonados; concede paz al mundo, y después de que hayamos luchado, paz en tu cielo. Amén.
Estos hombres no buscaban conflicto con la Iglesia oficial, sino que eran consecuentes con la Palabra de Dios y esto les condujo al conflicto. Lo mismo nos pasa hoy día. Una iglesia evangélica fue cerrada por su propia denominación hace poco porque no consintió al matrimonio gay. Los miembros de esta congregación se encontraron en la calle, sin lugar donde reunirse. ¿Qué problemas tenemos con la homosexualidad? Simplemente que no es bíblico. Solo esto. O bien defendemos la Palabra, o bien no la defendemos. Simplemente esto, y esto es lo que nos va a traer problemas. Tenemos que estar preparados, al igual que los creyentes en tiempos de Lutero, a pagar el precio por la fidelidad a la Palabra de Dios, la cual los indoctos “tuercen para su propia perdición” (2 Pedro 3:16), desgraciadamente.
Antes de dejar el tema de la Reforma, tenemos que hablar de sus implicaciones en cuanto al Ecumenismo. La Reforma y el Ecumenismo no podrían ser más antagónicos. Los reformadores tuvieron conflicto con Roma, no hacían componendas con ella. Todos los llamados cristianos no somos uno, solo los que hemos nacido de nuevo por obra del Espíritu Santo, y finalmente solo Dios sabe quiénes somos. Los hay dentro de la Iglesia de Roma, indiscutiblemente. Los hay entre los Adventistas del Séptimo Dios. Entre los Testigos de Jehová, difícilmente; puesto que niegan la divinidad de Cristo y al Espíritu Santo como Persona Divina, no pueden tener el Espíritu de Cristo. Dios tiene su pueblo dentro de todas las denominaciones, pero normalmente salen de las que no respetan la inspiración y la autoridad de la Palabra de Dios. Si se quedan, es para dar testimonio hasta que los echen, porque esto es lo que suele ocurrir. Los primeros cristianos tuvieron que salir del judaísmo y los Protestantes, de la Iglesia de Roma. Con mucha pena salieron, con gran sufrimiento, pagando el precio que hemos de pagar todos, de ser leales a la Palabra de Dios.