COMER PARA LA GLORIA DE DIOS 

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31).
Estás de retiro de iglesia. Hace tiempo que has estado pensando en lo bien que lo vas a pasar. El conferenciante es conocido y van muchos de tus amigos. Es más, va a haber bufet libre y cada uno se servirá de lo que le gusta. Pero con la comida en abundancia viene la tentación sutil de pasarse comiendo, de comer tanto que te entra sueño, y no puedes concentrarte en los mensajes.
Dios nos ha dado “todas la cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1Tim. 6:17). Pero en moderación. Si vas a un restaurante con bufet libre en que pagas 15€, digamos, por todo lo que puedes comer, ¡cuidado! ¡Mi padre nunca nos dejaba entrar en restaurantes de este tipo! La gente entra y aprovecha comiendo el doble de lo que normalmente comen. El creyente debe tener otra mentalidad.
Aquí hay unas sugerencias para bufet libres, para restaurantes, para retiros de iglesia, para las bodas, o para cuando nos invitan a comer en casa de unos de la iglesia:
No vayas con la actitud que te vas a poner las botas.
Solo pon en tu plato lo que tienes la intención de comer. Come todo lo que hay en tu plato.
No te sirves demasiado; no te pongas mucha cantidad para luego tirar lo que no te apetece. Como creyentes, no queremos abusar, ni malgastar.
Cuando estás en una boda y están con la pica-pica, no quites a otros de en medio para servirte tú.
No te quejes de la comida, ni hagas comentarios negativos acerca de ella.
Recuerda que el propósito de la comida es tener comunión, no la comida en sí, y por supuesto, el propósito no es comer todo lo que puedas.
Come sana y sabiamente siempre, no importa donde estés.
Eva se perdió debido a la comida: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (Gen. 3:6).
Esaú se perdió debido a la comida: “Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de este guiso rojo;… Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura…? Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de la lentejas; y el comió y bebió, y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura” (Gen. 25:29-34).
El Señor Jesús puso la comida en su lugar debido: “Los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4: 31-34). Testificar a la Samaritana le había llenado. La comida física, en su lugar debido, nos permite hacer la voluntad de Dios. Que encontremos nuestra plena satisfacción en Él.