EL EVANGELIO DESDE LA PERSPECTIVA HUMANA (3)

“Anduvisteis en otro tiempo siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos” (Ef. 2:2, 3).
Aquí tenemos la segunda trilogía: el mundo, el diablo, y la carne. La carne es el traidor que llevamos dentro, nuestra quinta columna. Se pone de parte del enemigo para nuestra destrucción. Todos nacemos con una quinta columna dentro que se alza contra la soberanía de Dios. Somos por naturaleza esclavos del mundo, del diablo y de la carne.
El tercer texto que resume la condición humana es Tito 3:3. Reza: “Porque en otro tiempo nosotros también éramos necios y desobedientes. Fuimos engaños y nos convertimos en esclavos de toda clase de pasiones y placeres. Nuestra vida estaba llena de maldad y envidia, y nos odiábamos unos a otros” (NTV). La Reina Valera lo vierte: “Éramos insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros”.
Este texto describe la condición de la gente sin Cristo. Esta es la penosa condición humana. Hay un progresión: empezamos con la necedad, andamos con los cables cruzados, sin norte. Intentamos defendernos sin ninguna ideología coherente, sin un sistema definido de pensamiento. Esto nos conduce a la desobediencia, (o la desobediencia nos conduce a necedad). Más pronto o más tarde nos damos cuenta de que nos hemos extraviado. ¿Cómo llegué aquí? Hemos de tocar fondo para ver nuestra perdición. La vida no me satisface. Me pregunto: ¿Qué he perdido? El camino libre me condujo a la esclavitud. Un buen ejemplo de esto es la droga. Pienso que la controlo y luego resulta que ¡ella me controla a mí! Caímos en la tentación y terminamos siendo esclavos de aquello que libremente elegimos. Hay una progresión: Finalmente estamos viviendo en malicia y envidia. ¿Te acuerdas? Llegamos a ser expertos en el autoengaño y en poner un nombre bonito en algo repugnante. Somos aborrecibles y vivimos aborreciendo unos a otros. Dios podría sentir repulsión, mirándonos, pero siente compasión por el estado tan miserable en que hemos caído.
Estos son los tres cuadros bíblicos de cómo es la humanidad. ¿Te reconoces? ¿O todavía tienes ilusiones de tu bondad? ¿Reconoces a tus vecinos y compañeros de trabajo? ¿O sigues cuestionando el veredicto de Dios? Es más fácil reconocerlo en otros que en nosotros mismos. Solo si aceptas el diagnóstico divino y entiendes la gravedad de la enfermedad verás la lógica del evangelio. Cuando ya lo hemos visto nos damos cuenta de que no puede haber otro camino de salvación que el que Dios ha elaborado. ¿Cómo puede Dios tomar a personas así y convertirnos en seres dignos de su reino sin destruir nuestra entidad humana en el proceso? ¿Cómo puede respetarnos como seres responsables y, a la vez, salvarnos? La respuesta de esta pregunta es el evangelio de Cristo.