¡EN GUARDIA!

“Sed sobrios, velad, que vuestro adversario del diablo anda como león rugiente, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).
Puede ser que seas nuevo en la fe y que todo esto acerca de la guerra espiritual te tenga sin cuidado, porque piensas que no tiene nada que ver contigo. No eres consciente de ninguna guerra tomando lugar alrededor de ti, no has visto ningún león por allí, y piensas que esto se refiere a algo que es más bien para los creyentes súper espirituales. Todo lo contrario. Cuanto más nuevo en la fe, presa más fácil eres para el enemigo de tu alma. El diablo fue a por el Señor Jesús cuando era bebé, porque era indefenso. Era muy nuevo, como tú. Sus padres le llevaron a Egipto, fuera del alcance del hombre que el diablo estaba usando para acabar con Él.
La guerra espiritual funciona así: el diablo usa sus dos aliados para quitarte la fe, apartarte de Dios, o dejarte inútil para la causa de Cristo. Estas son: tu propia naturaleza carnal, y el mundo; pero no se presentan como enemigos, sino como lo de siempre, como tu manera acostumbrada de pensar, o como lo que opinan los demás, las ideas contemporáneas, tus amistades, tus reacciones automáticas, tus vicios, tus debilidades, tu carácter, tus deseos carnales, tus necesidades económicas, tus emociones, tus pasiones, lo que te apetece, tu cansancio, la maldad de otros, frustraciones, contratiempos, disgustos, etc., etc. ¡Cómo ves, el enemigo está muy cerca! No lo reconoces como tal, pero esto es lo que el diablo utiliza para apartarte de Dios. Tienes sueño, no te levantas para orar; eres caótica, no te acuerdas dónde dejaste la Biblia; no tienes un tiempo devocional establecido; en tu tiempo libre prefieres ver la tele. ¿Y qué hay del mal con ver la tele? Nada, pero si Dios quiere que hagas otra cosa, ¡aun ir a la iglesia es malo!
En la guerra espiritual hemos de ser prudentes. No vamos a por el diablo. Esto es peligroso. Vamos a estar firmes, como dice Pablo en Efesios 6:11, 13. Si vivimos en Nigeria no vamos a lanzar una granada contra el campamento de Boko Haram, pero sí vamos a mantener nuestra fe a pesar de todo el peligro. No vamos a negar al Señor para salvar nuestra vida. El himno de Charles Wesley lo dice todo:
Soldados de Cristo, levantaos, y poneos vuestra armadura, fuertes en la fuerza que Dios suple por medio de su eterno Hijo, fuertes en el Señor de las huestes celestiales y en su gran poder; el que confía en el nombre de Jesús es más que vencedor.
Estad firmes, entonces, en su gran fuerza, empoderados con todo su potencia; y tomad, para armaros para la lucha, toda la armadura de Dios. Para mantenerla en condiciones, atendedla constantemente, siempre andando delante de vuestro Capitán, y velando en oración.
Id creciendo en fuerza, luchad y orad; aplastad todos los poderes de la oscuridad, y ganad con destreza el día de la batalla. Así, habiendo acabado todo, y con todos los conflictos pasados, podéis vencer por Cristo solo, y permanecer enteros hasta el final.