MALOS PASTORES Y EL BUEN PASTOR

“Por eso vagan errantes como ovejas, humillados, porque no tienen pastor. Mi ira se ha encendido contra los pastores” (Zac. 10:2, 3).
En el capítulo 9 estuvimos viendo una hermosa descripción profética del Señor Jesús. Él es el Rey justo y victorioso, pero, a la vez, manso y humilde, que viene ofreciendo salvación y paz. Esta combinación de características no la reúne ningún líder político que conocemos. Hemos de fijar nuestros ojos en Cristo. Su gobierno es la esperanza para este mundo. En el capítulo 10 tenemos todo lo contrario: los gobernantes y sacerdotes de Israel han fallado en sus responsabilidades, con notables excepciones, como Zorobabel, Jesúa, Esdras, Nehemías. Por regla general, los líderes, a los que Dios llama “los pastores”, han hecho que el pueblo se apartase de Dios. Oprimían a los pobres y favorecían a los ricos. Fallaron en lo espiritual y también en la justicia, pues las dos cosas van juntas.
El capítulo empieza diciendo: “Pidan al Señor lluvia en la primavera, porque él forma las nubes de tempestad” (10:1, NTV). Pedir lluvia a Dios es reconocer que dependemos enteramente del Él. Sin su provisión de la lluvia necesaria no hay cosechas, no hay comida, y nos morimos de hambre. Pide “y él mandará abundante lluvia de modo que cada campo se convierta en un buen pastizal”. “Pedid, y se os dará” (Lu. 11:9). No confiar en ídolos que no tienen ningún valor, ni en los pastores malos que predicen mentiras y “dicen falsedades que no dan consuelo” (v. 2). Debido a ellos el pueblo anda perdido y sin defensa. Dios está airado con estos malos pastores: “Mi irá se enciende contra sus pastores y castigaré a esos líderes” (v. 3).
Dios mismo se presenta para pastorear a su pueblo: “Pues el Señor de la Ejércitos Celestiales ha llegado para cuidar a Judá, su rebaño. Él los hará fuertes y magníficos, como caballo majestuoso en la batalla”. Y aquí tenemos una promesa con resonancias familiares: “De Judá saldrá la piedra principal” (v. 4). Bajo el liderazgo de Dios, Israel dominará sobre sus enemigos: “Serán como guerreros poderosos en batalla, que pisotean a sus enemigos en el lodo debajo de sus pies. Puesto que el Señor está con ellos cuando luchan, hasta derribarán a los jinetes de sus enemigos. El pueblo de Israel será como poderosos guerreros” (v. 5, 7). Él luchará con ellos y ellos ganarán. Esto nos dice muchos a nosotros acerca de la guerra espiritual. Con nuestra armadura bien puesta cada día, iremos ganando, y el enemigo no tendrá ninguna entrada para hacernos daño. Estaremos bien protegidos contra todas sus asechanzas. No caeremos en ninguna de sus tentaciones. Israel será sensible a la voz de su Pastor: “Cuando los llame con un silbido vendrán corriendo, porque los he redimido” (v. 8). ¡Ovejas vencedoras!
¡¿No te encanta esta imagen de ovejas guerreras venciendo a sus enemigos?! Sin nuestro Pastor somos indefensos, fácil presa para los predadores, pero en obediencia a su voz y bajo su liderazgo, lo débil se hace fuerte, ¡y vencemos!
Dios hará volver los dispersados de Israel de entre las naciones y los multiplicará como pueblo (v. 7). Siguen imágenes de Israel saliendo de Egipto y cruzando el Mar Rojo, simbolizando que volverán a su tierra y a su Dios, superando todo los obstáculos: “Cruzarán el mar de la angustia” (v. 11). Y dominarán sobre todos sus enemigos, porque Dios es su Pastor: “Mediante mi poder haré fuerte a mi pueblo… ¡Yo, el Señor, he hablado!”(v. 12). ¡En Cristo somos más que vencedores!