NUESTRA MOTIVACIÓN

“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4: 16).
Esta es una cuestión muy importante, porque nuestro servicio vale o no vale, no por la calidad del mismo, sino por la motivación de está detrás.
¿Por qué quiero servir a Dios?
¿Es porque es algo digno de hacer?
¿Es porque es lo que mis padres me enseñaron?
¿Es porque me hace sentir útil?
¿Es porque veo tanta necesidad y quiero ayudar?
¿Es porque el servicio hace que otros me respeten y admiren?
¿Es porque soy extravertido y me gusta estar delante?
¿Es porque me hace sentir bien acerca de mí mismo?
¿Es porque me gusta? Disfruto sirviendo.
¿Es porque es una buena manera de ganarme la vida?
¿Es porque mi corazón está roto por los que se perecen?
¿Es porque amo a la Iglesia con todo mi corazón y quiero servirla?
¿Es porque siento tanto amor para Dios que estoy constreñido a derramarlo en servicio?
¿Es porque estoy sobrecogido por el amor de Dios para mí y lo derramo sirviendo a otros?
¿Es porque estoy tan lleno del amor de Dios que no lo puedo contener y lo tengo que dar a otros o explotar?
Hemos de pedir que el Espíritu Santo nos revele nuestras motivaciones, porque podríamos creer que son una cosa cuando realmente son otra. Solo Él puede llegar al fondo de lo que nos lleva a hacer lo que hacemos. Para Dios la única motivación válida es el amor. Es lo que le mueva a Dios a hacer lo que Él hace: “De tal manera amó Dios al mundo…” (Juan 3:16). Dios no se mueve por un sentido del deber, sino por su profundo, constante, inamovible, eterno amor. “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jer. 31:3).
Dios no necesita nuestro servicio. Es por su gracia que permite que participemos en su obra. Los primeros beneficiados somos nosotros mismos. Lo que al Señor le interesa es la relación de amor que sostenemos con Él. El servicio es el resultado, y entre las distintas clases de servicio, el más elevado es la adoración de su Persona, porque le conocemos de verdad en lo más íntimo de nuestro ser, y lo que hemos visto de Él nos lleva a ser adoradores.