JEHOVÁ VENDRÁ (folleto para Testigos de Jehová)

Jehová ha prometido volver a este mundo turbulento, sumergido en conflictos bélicos, por un lado, y trastornos éticos, por otro. Es la única esperanza real que se ha ofrecido a nuestro atribulado mundo. “Dios mismo vendrá, y os salvará” (Is. 35:4). Entonces el mundo conocerá paz y justicia: “Nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13). Hace muchos siglos los profetas nos lo prometieron: “Vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos” (Zac. 14:5). “Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente” (Zac. 14:4). Los escritores del Nuevo Testamento lo vuelven a afirmar: “Sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tes. 3:13). Cuando Él venga como Rey comenzará su reino de paz y justicia.
Israel tendría que haber sido una sociedad modélica bajo el gobierno de su Dios, pero se rebelaron. Jehová fue rechazado como el Buen Pastor de Israel, despedido y compensado con una paga de 30 piezas de plata (Zac. 11:8, 12, 13). Jehová fue valorado en treinta monedas de plata; Jesús fue vendido por treinta monedas de plata (Mat. 27:9). Zacarías sigue describiendo cómo Dios fue tratado por su mismo pueblo: acabaron con Él. Jehová dice: “Mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán” (Zac. 12:10). Jehová fue traspasado; traspasaron a Jesús: “Uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: Mirarán al que traspasaron” (Juan 19:37; Zac. 12:10). “Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas” (Marcos 14:27). “Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas” (Zac. 13:7). “Y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas el herido fue por nuestras rebeliones” (Is. 53:4, 5). En su muerte está nuestra salvación.
Pero no quedó muerto. Jesús resucitó y mandó su Espíritu. En el día de Pentecostés, Pedro anunció: “A este Jesús resucitó Dios. Así que exaltado por la diestra de Dios… ha derramado eso que vosotros veis y oís”, a saber, el Espíritu Santo (Hechos 2:32, 33). Jehová derramó un Espíritu de gracia y arrepentimiento: “Sobre la casa real de David y los habitantes de Jerusalén derramaré un espíritu de gracia y de súplica, y entonces pondrán sus ojos en mí. Harán lamentación por el que traspasaron” (Zac. 12:10). Por la obra del Espíritu reconocerán los que han hecho, y se arrepentirán. Jehová mandó el Espíritu Santo; Jesús lo mandó.
Jesús fue rechazado cuando vino la primera vez como Rey de Israel: “¡Alégrate mucho, hija de Sión, hija de Jerusalén! Mira, tu rey viene hacia ti, justo, salvador y humilde. Viene montado en un asno. Destruirá (los instrumentos de guerra) y proclamará paz a las naciones. Su dominio se extenderá de mar a mar, ¡desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra! (Zac. 9:9-10). La primera vez rechazaron su oferta de paz, pero vendrá la segunda vez como Rey y Dios. Cuando venga Jehová (Zac. 14:5), su pueblo compuesto de los salvos de todas las naciones subirá a Jerusalén “para adorar al Rey, al Señor Todopoderoso” (Zac. 14:16). Jesús es el Rey, el Señor Todopoderoso, Jehová de los ejércitos. Reinará en Jerusalén como capital del mundo entero (Zac. 9:10). El mundo finalmente conocerá la paz bajo cielos nuevos, en una tierra nueva en los cuales mora la justica (2 Pedro 3:13). ¡Cuánto anhelamos este día!