JESÚS EN EL LIBRO DE ZACARÍAS

“¡Da voces de júbilo, ciudad de Jerusalem! Mira a tu Rey llegando, justo y victorioso, humilde, montado en un asno, en una cría de asna” (Zac. 9:9).
El libro de Zacarías concluye con dos oráculos. El primero (capítulos 9-11) cuenta del Rey que entra en Jerusalén montado sobre un asno, ofreciendo paz y salvación, pero el Buen Pastor es rechazado y despedido: “Y pesaron por mi paga treinta piezas de plata” (11:12).
El segundo (12-14) nos da más detalles: “Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas” (13:7). El Buen Pastor que Israel rechazó es crucificado: “Y me mirarán a Mí, a Quien traspasaron, y llorarán como se llora por causa del unigénito, y afligirán por Él como quien se aflige por el primogénito” (12:10). El arrepentimiento trae limpieza: “Aquel día habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalem, para la purificación de pecado y de la inmundicia” (13:1, BTX y RV). “Y le preguntaron: ¿Qué heridas son esta en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos” (13:6).
Luego se produce el gran salto que suele haber en la profecía del Antiguo Testamento. Los profetas suelen juntar la primera venida del Mesías con la segunda. Zacarías no es ninguna excepción. Esto explica en parte por qué los judíos no le reconocieron. El último capítulo del libro trata del final de la historia. Todas las naciones se juntarán contra Jerusalén: “Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres. Y la mitad del pueblo irá en cautiverio” (14:2). Dios intervendrá: “Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla” (14:3). Volverá Jesús con todos sus ángeles: “Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén. Y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos” (14:4, 5). Habrá cataclismos y no habrá más noche: “al anochecer seguirá habiendo luz” (14:7). Y “acontecerá también en aquel día que saldrán de Jerusalén aguas vivas” (14:8). El Espíritu Santo llenará y fluirá de la ciudad. Jesús reinará: “Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su Nombre” (14:9). Habrá juicio: plagas, guerras y conversiones masivas: “Y todos los que sobrevivieran de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey” (14:16). Jerusalén vivirá en paz y bendición: “Y morarán en ella, y no habrá nunca más maldición, sino que Jerusalén será habitada confiadamente (14:11). La santidad de Dios llenará la ciudad y todo cuanto hay en ella: “En aquel día estará grabado sobre las campanillas de los caballos: Santidad a Jehová; y toda olla en Jerusalén y Judá será consagrada a Jehová” (14:11, 20, 21).
Los dos oráculos cubren el periodo de tiempo desde la entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén y su crucifixión, hasta su segunda venida cuando gobernará como Rey no solo sobre Israel, sino sobre todo el mundo. Y con esta majestuosa visión la historia del mundo concluye y la eternidad empieza con gozo a su diestra para siempre.