JUICIO Y CONVERSIÓN 

“Serán reunidas las riquezas de todas las naciones” (Zac. 14:14).
Estamos viendo distintos aspectos del gran día del Señor. En aquel día se librará la gran y última batalla en este mundo. Todas las naciones vendrán a combatir contra Israel. Israel será derrotado. Será un momento terrible, desconcertante, desolador, en que parece que Dios no existe, que el enemigo ha triunfado definitivamente, el día en que Cristo fue crucificado y colgó muerto en la cruz. Solo después intervendrá Dios. Y cuando lo hace será con plagas, pánico y confusión masiva. Salen imágenes de juicios pasados, como los que cayeron sobre Egipto (Éxodo 7 a 12). Será mucho más terrible el juicio que ha de llegar.
Gran botín será llevado dentro de la Ciudad. Como Judá ha participado en la batalla (14:14 y 12:7), llevará su parte del botín: “Y serán reunidas las riquezas de todas las naciones de alrededor: oro y plata, y ropas de vestir, en gran abundancia” (14:14). El botín puede ser oro, plata y ropa, o puede ser las riquezas de las naciones, ¡que son su gente!, es decir, hombres y mujeres convertidos a Cristo. Esto concuerda con lo que dice el profeta Hageo: “¡Hare temblar a todas las naciones! Sus riquezas llegarán aquí, y así llenaré de esplendor esta casa, dice el Señor Todopoderoso. Mía es la plata, y mío es el oro, afirma el Señor todopoderoso. El esplendor de esta segunda casa será mayor que el de la primera, dice el Señor todopoderoso” (Hageo 2:7-9, NVI). Claro, esta segunda Casa será hecha de piedras vivas, los salvos de todas las naciones, un inmenso tesoro que supera el oro y la plata. Esta es la Casa que el Señor Jesús está edificando y será completa cuando la última persona que ha de ser salvo se incorpora en su gloriosa estructura, para la eterna alabanza de Dios.
El apóstol Pablo escribió: “Este es el misterio de Cristo que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu, a saber, que “los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (ver Ef. 3: 3-6).
“Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” (14:16). Los que antes luchaban contra el gobierno de Dios se someterán a Él. Se convertirán de enemigos en adoradores de Dios. Evidentemente estamos hablando de gentiles convertidos al Dios de Israel que le adorarán como Rey y Dios. A la luz del Nuevo Testamento sabemos que el Rey al que adorarán será el Señor Jesucristo.
La fiesta de los tabernáculos (cabañas) durante la época de Zacarías se había convertido en el punto culminante del año religioso (Esdras 3:4; Neh. 8:14-17). Le fue concedida mucha prominencia (como la Navidad en nuestros días). Era una fiesta alegre otoñal que duraba siete días y señalaba el fin de la cosecha. Recordaba cuando Israel vivía en cabañas en el desierto camino a la Tierra Prometida (Lev. 23:43). Era la fecha cuando los israelitas se reunían para adorar a Dios y celebrar su bondad hacia ellos como nación. Por eso es el apogeo del libro de Zacarías: combina el final del viaje por el desierto con la gran cosecha de la conversión de los gentiles.