LA CONSUMACIÓN DE LA HISTORIA DEL MUNDO

“Profecía de la palabra de Jehová acerca de Israel” (Zac. 12:1).
Acabamos de tener una vista de pájaro de la revelación gloriosa de la historia del mundo que cubre desde la primera venida de Cristo hasta la segunda y la consumación de todo. Ahora vamos a volver a cubrir este mismo terreno más despacio, esta vez sumergiéndonos en la grandeza de la gloria de Dios aquí revelada.
El capítulo 12 se abre fijando nuestra atención en la grandeza de su Persona: Dios no es una deidad local. No es el Dios de sola una nación, dejando todas las otras religiones igualmente válidas. En absoluto. Él es “el Señor que extiende los cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él” (12:1). La historia está en sus manos. Y la historia del universo se centra en Israel, no en los Estados Unidos, ni en Europa, ni en la China, sino en Israel. El oráculo (capítulos 12-14) comienza con todas las naciones en guerra contra Jerusalén y concluye con los sobrevivientes de todas las naciones subiendo a Jerusalén para adorar al Dios de Israel, el Creador y Sustentador de toda vida. El movimiento internacional es uno de rebeldía y conflicto a sumisión y adoración en santidad de vida, lo mismo que ocurre en el plano personal. Empezamos siendo enemigos de Dios y terminamos siendo sus obedientes sujetos y amados hijos, adoradores en espíritu y verdad. La historia mueve desde la guerra hasta la adoración.
Los capítulos 12 y 13 forman la primera parte del oráculo. Se centran en la relación de Dios con Israel. Terminan con la frase que hemos visto repetidas veces en las Escrituras, y amamos: “Entonces ellos me invocarán y yo les responderé. Yo diré: “ellos son mi pueblo” y ellos dirán: ‘el Señor es nuestro Dios’” (13:9; Ap. 21:3). Expresa la meta de Dios desde la creación, meta que finalmente se realiza al final de la historia cuando Cristo vuelve. Esta es la meta que Dios ha estado persiguiendo en la historia del mundo desde su comienzo y, a la vez, en cada individuo: quiere que por elección personal Él sea nuestro Dios con todo lo que esto implica. “Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan” (Zac. 12:1 y Is. 42:5). Dios extendió los cielos y puso el fundamento del mundo y te dio aliento y formó tu espíritu dentro de ti para ser tu Dios. Dios lo propuso e hizo lo necesario para lograrlo. Dios está haciendo una nueva creación de ti y del mundo: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Cor. 5:17), y: “He aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra… Os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo” (ver Is. 65:17-19).
En estos dos capítulos lo que Dios promete a Jerusalén es:
Que la defenderá contra el asalto de todas las naciones (12:1-9).
Que la llevará al arrepentimiento por haber crucificado a su Mesías, y abrirá una fuente para la limpieza del pecado (13:1-6).
Que finalmente habrá un remanente purificado que será el verdadero pueblo de Dios (13:7-9).
Amén. Así será.