LA PARÁBOLA DEL PASTOR RECHAZADO

“Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata. Y me dijo Jehová; Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro” (Zac. 11:12, 13).
Cuando el buen pastor se vio “detestado” (v. 8, NIV¸ RSV) por el rebaño, cesó y pidió su sueldo, si les parecía bien. Le dieron treinta piezas de plata, el precio de un esclavo (Ex. 21:32), una suma considerable de dinero, porque Dios pone un alto precio sobre la vida humana. Pero despedir al pastor y darle cualquier dinero es lo malo, porque no hay dinero que pueda compensarle por lo que él ha invertido en su pueblo. Coge el dinero y lo tira al alfarero del templo, el que probable trabajaba para el templo para hacer las vasijas que hacen falta en los actos ceremoniales.
Mateo 27:7-10 hace referencia a este texto. Judas vendió a Jesús por 30 monedas de plata y tiró el dinero al suelo del templo. Mateo dice que las treinta monedas de plata se usaron para comprar un terreno para sepultar extranjeros en cumplimiento de la profecía de Jeremías (Jer. 19:1-13) y no menciona Zacarías porque Jeremías era uno de los profetas mayores. Los sacerdotes no quisieron poner este dinero en el tesoro, ¡en cumplimiento de la ley!, porque era dinero de traición y muerte, pero ¡rompieron la ley matando a su Mesías! Tremendo el corazón humano.
En la parábola, el romper el cayado llamado Gracia simboliza el abandono del pacto. Dios entregó Israel en mano de Babilonia. Acto seguido el pastor rompe el cayado llamado Unión, simbolizando la rotura del país en dos reinos, Israel y Judá. Ambos cosas ya habían ocurrido. Juntas hablan de la pérdida de la bendición de la vida dentro del pacto con Dios y la rotura de las relaciones entre las personas, porque cuando la relación con Dios se rompe, todas las demás relaciones se ven afectadas.
“Entonces el Señor me dijo: Ve nuevamente e interpreta el papel de pastor irresponsable. Así ilustrarás que le daré a esta nación un pastor que no cuidará de la que están muriendo, ni alimentará a las sanas. Al contrario, este pastor se comerá la carne de las ovejas más gordas y les arrancará las pezuñas” (v. 15, 16). Este es el tipo de pastor que merece el rebaño que ha rechazado al Buen Pastor. Y esto es lo que pasó a Israel después de rechazar a Jesús, y lo que nos pasa hoy en nuestras iglesias cuando no queremos ser pastoreados por Dios bajo la autoridad de hombres que llevan su estilo de pastoreo. El comentarista dice: “Al final, conseguimos el tipo de líderes que hemos escogido y este es el juicio de Dios sobre nosotros”. Los últimos versículos de Zacarías 11 hablan del juicio de Dios sobre estos pastores malos: “¡Qué aflicción le espera a este pastor despreciable que abandona el rebaño!” (v. 17).
Vemos que la historia de esta parábola se repite dos veces, primero en la relación de Dios con Israel, y después en la relación de Jesús, su Hijo, con el mismo pueblo: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:12). Le rechazaron. Esta sección de Zacarías (capítulos 9-11) empezó con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén como su Rey, ofreciendo paz y salvación (9:9), y concluye con la triste referencia a Judas, vendiéndole por 30 piezas de plata (11: 12, 13) para ser crucificado. La parábola trágicamente fue cumplida.