ANDAR EN LA VERDAD

“…a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos lo que han conocido la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros… Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad” (2 Juan 1-4).
El apóstol repite muchas veces el vocablo “verdad”. El amor a la verdad es central para el creyente. Este amor tiene que formar parte de nuestro carácter para que andemos en la verdad. Tenemos que ser totalmente honestos. La honestidad protege la reputación de otras personas: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16). Cuando hablamos de otros, ¿cuidamos su reputación? ¿Qué nos mueve, el amor a la verdad, o nuestros intereses? ¿Nos mueven nuestros prejuicios? ¿Nuestras ideas preconcebidas que nunca hemos comprobado? ¿Habladurías que no sabemos si son verdad o no? ¿Por qué defiendes a una persona? ¿Porque es simpática, o porque es justa, ¡aun cuando no nos caiga bien!? ¿Defiendes a alguien porque te interesa? ¿Porque es de tu familia? ¿Tu hijo? ¿Porque es otra mujer como tú? ¿Porque es de tu pueblo, o de tu país, o de tu denominación? ¿El Señor se movía así?
Hace años hubo una contienda en cierta iglesia porque un empresario rico, miembro de la iglesia, estaba estafando a uno de sus empleados, también de la iglesia. Resulta que el empresario tenía un pico de oro, era simpático e inteligente, pero el empleado era un hombre rudo. Fue la palabra de un hombre rico y elegante, contra la de un hombre humilde. Fue un clásico ejemplo de Santiago 2:1-7.
Tomemos el caso de una acusación contra un pastor o anciano. La Palabra enseña: “Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos” (1 Tim. 5:17). ¿Quién acusa al pastor, una persona de mala reputación o muchos testigos dignos de confianza? ¿Qué pasa si la persona que le acusa es un familiar tuyo? ¿Esto cambia la verdad? ¿Te vas a pone al lado del familiar, o vas a decantar por la verdad aunque te cueste la relación? ¿Vas a defender al pastor acusado, aunque haya muchos testigos en su contra, simplemente porque es pastor? ¿Es justo que las organizaciones eclesiales defiendan a los pastores por sistema, sin investigar y sin hablar con los afectados? Los médicos se defienden; ¿los pastores deben hacer lo mismo?
“Por dicho de dos o tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo” (Deut. 17:6). “No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida” (Deut. 19:15). ¿Hay testigos? ¿Concuerdan? ¿Son de buen testimonio? ¿Cómo es el testimonio del pastor o anciano acusado? ¿Es una persona conflictiva? ¿Ha causado daño a lo largo de los años? ¿Ha caído en pecados escandalosos similares en el pasado? En este caso, cuidado. ¿Cómo es el testimonio del que acusa? En el libro por C. S. Lewis, “El León, la Bruja y la Guardarropa” hay una contenciosa entre dos de los niños y el profesor pregunta: “¿Cuál de ellos suele decir la verdad?”. Allí está la respuesta.
En su juicio (Jn. 19:7-11) el Señor Jesús fue acusado por hombres de mala reputación, mientras su reputación era intachable. Estaba en tela de juicio si Jesús decía la verdad en cuanto a quién es. Piloto dio con la clave cuando preguntó cuál es la verdad, pero la verdad no le interesaba; le interesaba su puesto de trabajo. ¿Qué es lo que me mueve a mí y a ti? Qué Dios nos dé el valor de ser totalmente honestos.