LA PRUEBA DE TU FE

“Ahora vivimos con gran expectación, porque tenemos una herencia que no tiene precio, reservada en el cielo, pura y sin mancha, que no puede cambiar ni deteriorarse. Por su fe, Dios los protege con su poder hasta que reciban esta salvación, la cual está lista para ser revelada en el día final… Así que alégrense de verdad, porque les espera una alegría inmensa, aun cuando tengan que soportar muchas pruebas por un tiempo breve. Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, le traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo” (1 Pedro 1:3-9, trad. libre).
Hay ciertos pasajes que tenemos que volver a ellas vez tras vez. Esta es una de ellas. Cuando nos encontramos en pruebas fuertes a menudo volvemos a leer lo que escribió el apóstol para recordar lo que ya sabíamos y para comprender lo que nos está pasando. El pasaje empieza hablando de la salvación: “Bendito sea Dios…que nos hizo renacer” (v. 3). Fuimos salvos. El presente: “Aunque ahora, por un poco de tiempo, tengáis que esta afligidos en diversas pruebas (v.6). “La salvación está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (v. 5). Esta es una salvación futura que recibiremos al final de la carrera: “obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (v. 9). La salvación es pasada, presente y futura.
En el presente nos encontramos en fuertes pruebas. Son normales y necesarias para comprobar que nuestra fe es real, y para purificarla. En medio de ellas Dios nos guarda por su gran poder: “Sois guardados por el poder de Dios mediante la fe” (v. 5). Aquí hay dos cosas: el poder de Dios, por un lado, y nuestra fe, por el otro. Las dos cosas colaboran para guardarnos, para que no nos apartemos de Dios en medio de la prueba. La parte humana es nuestra fe; la parte divina es el poder de Dios.
¿Cuáles son nuestras emociones en medio de la prueba? “En lo cual (a saber, en la hermosa herencia que nos espera) vosotros os alegráis” (v. 6). Tenemos alegría, aunque nos encontramos en pruebas muy difíciles y gran sufrimiento, porque nos acordamos de lo que nos espera. También sentimos gozo: “A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso” (v. 8). Nos alegramos en la herencia que nos espera y nos gozamos en Cristo, porque le amamos y es precioso para con nosotros. El solo hecho de conocerle nos aporta gozo. Sentimos amor, gozo y alegría en medio de gran sufrimiento. Esta es la experiencia del creyente en medio de cosas dificilísimas que nos tocan vivir. Y mientras sufrimos, Dios está purificando nuestra fe.
Si mantenemos la fe, recibimos la salvación al final: “obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (v. 9). Hemos nacido de nuevo por medio de la fe y tenemos la salvación. Esta fe es probada ¡por fuego!, y al final recibimos la salvación que teníamos al principio, pero no somos los mismos. Hemos vivido lo indecible. Hemos llorado cubos de lágrimas, pero nos hemos agarrado a Dios con toda nuestra fuerza, a pesar de no verle, y a pesar de cosas que han contradicho su amor para nosotros, y nuestra fe ha crecido hasta el punto de ver a Dios en la oscuridad. Amamos a Cristo muchísimo más, hemos llegado a conocerle íntimamente en el horno de fuego, y con esta fe y este amor entramos en nuestra herencia eterna.