EL DIOS DE ABRAHAM

“Pero Jehová había dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a una tierra que yo te mostraré” (Gen. 12:1).
Al Dios de Abraham, alabanza, quien reina entronado arriba;
Anciano de días eternos, y Dios de amor;
A Él alzad la voz, a cuya orden suprema
Nos levantamos de la tierra y buscamos los goces a la diestra de Dios.
Toda la multitud triunfante da gracias al Dios de las alturas;
“¡Salve, Padre, Hijo y Espíritu Santo!”, eternamente proclama;
“¡Salve, Dios de Abraham, y el mío!”. Me uno a los cánticos celestiales.
Todo poder y majestad son tuyos, y alabanza eterna. Amén.
Thomas Olivers, 1725-99
Basado en el Yigdal
Nuestro Dios es el Dios de Abraham. Esto significa que Dios se nos revela por medio de la relación que tuvo con Abraham. Meditando en las diferentes experiencias que tuvo con Abraham, descubrimos cómo es Dios. Abraham es el padre de todos los que creen; por medio del trato de Dios con él, aprendemos cómo Dios va a tratar con nosotros en nuestro peregrinaje de fe.
Lectura: Gen. 12:1-5.
Dios llamó a Abraham a salir, a dejar todo lo que había conocido y le prometió descendientes y una tierra, y que le haría de bendición para todos los pueblos de la tierra. Igualmente, Dios nos llama a nosotros a dejar la mentalidad de este mundo y buscar los goces a la diestra de Dios, como dice el himno.
Gen. 12:10-20. Dios protegió a Abraham cuando cometió un fallo para protegerse a sí mismo y, al hacerlo, casi estropeó el plan de Dios para su vida. Dios también nos guardará de estropear su propósito para nuestra vida por nuestras equivocaciones.
Gen. 13. Dios protegió a Abraham del egoísmo de Lot. En ninguna manera interfirió en su relación con Dios o el plan de Dios para él. Lo mismo es cierto del egoísmo de la gente relacionada con nosotros.
Gen. 14. Dios usó a Abraham para rescatar a su sobrino Lot cuando fue llevado cautivo. De la misma manera nos usa a nosotros para rescatar a los miembros de nuestra familia cuando se meten en problemas por falta de prudencia. Después, Dios bendijo a Abraham y él le dio el diezmo de todo.
Dios es un Dios que nos llama, nos protege, nos usa para librar a nuestros familiares y sale a nuestro encuentro para bendecirnos. Vamos por la vida levantando altares de adoración a lo largo del camino por donde nos lleva.