EL UNIVERSALISMO

“Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombre la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Romanos 5:18, 19).
Lectura Romanos 517-19.
No podemos dejar Romanos 5 sin aclarar un punto. Algunos han interpretado mal estos versículos enseñando que, así como el pecado de Adán trajo la condenación a todos los hombres sin excepción, la justicia de Cristo trajo la salvación a todos los hombres. Esta teología liberal se llama el universalismo. Es la enseñanza que todo el mundo será salvo por la muerte de Cristo. El comentarista John Stott contesta a los universalistas diciendo que “todo” no siempre tiene un valor absoluto que nunca puede admitir limitación alguna. Cita el relato de Pentecostés como botón de muestra: “En los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne” (Hechos 2:17). “Toda” no significa a todo ser humano individual en el mundo, sino gente de todas las categorías, todas las naciones, edades y estratos sociales y de ambos sexos”. No es “todos sin excepción”, sino “todos sin discriminación”.
Aquí en Romanos 5 “todos” no son absolutamente todos, y eso, por varios motivos. Estamos en Adán por nacimiento, pero en Cristo solo por el nuevo nacimiento y por la fe. Todos estamos en Adán, pero no todos estamos en Cristo. Es más, Pablo lo aclara en Romanos 5:17 donde especifica que los que “reinarán en vida” por medio de Cristo son “los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia”. Además, Pablo enseña reiteradas veces en el libro de Romanos que la justificación es por la fe individual de cada uno que cree (1:16s; 3:21ss; 4:1ss). Pablo también enseña claramente en este libro que la ira de Dios caerá sobre los que persisten en el pecado y que ellos perecerán (2:12). Todas estas pruebas contestan rotundamente a los universalistas.
No obstante, cuando veamos el resultado completo de la obra de Cristo, el número de los salvos por la gracia de Dios serán muchísimos, un número incontable: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones, y tribus y pueblo y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos” (Ap. 7:9). La obra de Cristo es mucho más efectiva que la obra de Adán: “la gracia de Dios fluirá con más abundantes bendiciones que las consecuencias del pecado de Adán”. La obra de Cristo es superior a la de Adán no solamente porque el auto-sacrificio es superior al egoísmo, sino también porque las consecuencias gloriosas de la obra de Cristo son mayores que la destrucción causado por Adán. Las bendiciones de la obra de Cristo afectarán no solo a la raza humana, sino también a los animales, la naturaleza, al universo creado, y también a los seres celestiales. Introducirá un nuevo orden, cielos nuevos y tierra nueva, y una nueva raza de hombres redimidos por su sangre. Todo esto será superlativo, más allá de nuestra capacidad de expresarlo. Entonces cantaremos eternamente los triunfos de la Cruz.