UN DÍA CONCRETO, VOLVERÁ

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos” (Hechos 1:8, 9).

Por última vez el Señor se reunió con sus amados discípulos. Los había amado hasta la muerte, y más allá de la muerte, hasta verlos de nuevo en su cuerpo resucitado, y ahora los iba amar en la eternidad, porque estaba a punto de volver al cielo, pero ellos no lo sabían. Igual pensaban que las cosas volverían a ser como antes, que andaría entre ellos enseñándoles como lo había hecho durante estos tres años. Tenían una pregunta para él: ¿Cuándo iba a restaurar el reino a Israel? (v. 6). Quedaba pendiente. Ya tenían al Rey resucitado, solo faltaba que reinase desde Jerusalén, como los profetas habían prometido. Jesús les contestó que esto se daría en el futuro, pero en aquel momento no. Antes tenían que ir a todo el mundo predicando el evangelio (v. 8). Hoy era el día de la ascensión. Delante de sus ojos estupefactos Jesús empezó a subir al cielo, y la Gloria de Israel desapareció de su vista envuelta en nubes.

De repente dos ángeles aparecieron delante de sus ojos atónitos para darles una promesa maravillosa. No es doctrina de hombres. Procede del Cielo: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (v. 11). Vamos por partes.

“Este mismo Jesús”. No cambiaría. La misma personalidad. La misma manera de ser. El mismo amor. La misma manera de tratar con ellos, de relacionarse con ellos, el mismo que ellos habían llegado a conocer y amar; este mismo, volverá.

“Que ha sido quitado de vosotros”. Arrancado. Arrebatado. ¡Qué pérdida! ¡Qué vacío dejó! ¿Cómo van a vivir sin él? El corazón no puede. Pero había dicho: “No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros” (Juan 14:18). Vino en forma del Espíritu Santo, llenándolos con su presencia y su amor. Somos consolados por la pérdida de su Persona con la venida de su Espíritu.

“Volverá”. ¡Fantástica promesa! No es una pérdida definitiva, sino momentánea. ¡Un largo momento! Su iglesia le reclama. El Espíritu y la esposa dicen, “Ven”, y él dice: “Vengo en breve”. Hay añoranza por ambas partes.
“Volverá de la misma manera que le habéis visto ir al cielo”. Visiblemente. “Todo ojo lo verá”. Los liberales dicen que volverá espiritualmente, no físicamente. Los Testigos de Jehová dicen que volvió ya, secretamente. Los dos son falsos profetas. Volverá exactamente como ha ido, en las nubes, acompañado de ángeles: “El Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (1 Tes. 4:16). El shofar de Dios resonará a través del mundo entero y los cielos se abrirán y este mismo Jesús descenderá en majestad y gloria y restaurará el reino a Israel. ¿Cuento de hadas? 

No. ¡Supera todos ellos! Es la magnífica revelación de Dios. ¡El Rey viene! ¡Iglesia, prepárate; tu Señor vuelve!