EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA

“Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes” (Daniel 2:20, 21).
“Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15).
Este es el marco en que transcurre la historia de este mundo. Reinos se levantan y se caen, nuevas naciones nacen y viejas naciones dejan de existir, y, en medio de lo que pasa en los reinos de este mundo, Dios está edificando el reino de su amado Hijo. Cristo es la piedra cortada sin manos que tumbará los imperios y pondrá fin a la historia de reinos humanos: “Una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó” (Daniel 2:34). Finalmente la democracia mostrará ser una mezcla de hierro y barro que no cuaja. “Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra” (Dan. 2:35). La piedra representa Cristo y su reino, compuesto de los creyentes de todos los tiempos, de toda nación, tribu, pueblo y lengua, que reinarán con Él por los siglos de los siglos. Este es el reino definitivo y universal.
Mientras tanto nuestra primera prioridad es participar en la edificación del reino de Dios (Mat. 6:33). No vamos a encontrar justicia en los gobiernos de este mundo. No hay país justo en la tierra. Ningún sistema político humano es modelado por la ley de Dios, revelada a Moisés, donde únicamente se ve reflejada la perfecta justicia de Dios.
En tiempos de Daniel el pueblo de Dios vivía bajo el dominio de un poder injusto extranjero. ¿Qué hizo el profeta? Dos cosas: Usó su proximidad a los reyes para hablarles de su pecado. A Nabucodonosor dijo: “Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordia para con los oprimidos, pues tal vez será esto la prolongación de tu tranquilidad” (Daniel 4: 27). Al rey siguiente dijo: “Tú, Belsasar, no has humillado tu corazón, sino que contra el Señor del cielo te has ensoberbecido” (Dan. 5:22, 23). Y también intercedió a favor de su pueblo, porque ellos no eran las víctimas inocentes del agravio de los poderosos, sino el objeto del castigo de Dios por su pecado. Babilonia solo fue el instrumento que Dios usó para corregir a su pueblo. La solución fue el arrepentimiento que preparó el camino por su regreso de la cautividad.
España está dividida hoy. Hay creyentes en ambas bandas, cada uno deseando que su partido gane, pero ¿qué justicia podemos esperar cuando como nación hemos rechazado a Dios? Estamos viviendo en la era post-cristiana. Apoyamos la ley de mordaza. Hemos rechazado el evangelio y la ética bíblica. Hace poco, millones estaban en la calle dando su apoyo al movimiento gay. ¿Ahora vamos a la calle para pedir justicia cuando no somos justos? ¡Lo justo es que Dios nos fulmine!, pero no lo hace, porque el deseo de su corazón es que más españoles se salven, para que haya una numerosa representación de España en el reino eterno de Cristo. La responsabilidad de cada creyente es compartir la carga de Dios y predicar el evangelio como nuestra auténtica esperanza. Empezamos con la denuncia del pecado y la invitación al arrepentimiento, como lo hizo Daniel. Dejamos el resultado de la crisis actual en manos de Dios, quien determinará la situación política más favorable a su propósito, que es la salvación de nuestros compatriotas.