JUAN MARCOS

“Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante. Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan (Juan Marcos), apartándose de ellos, volvió a Jerusalén” (Hechos 13:5, 13).
Los escritores de nuestra Biblia eran hombres excepcionales, y Juan Marcos no es ninguna excepción. Él fue el autor del evangelio que lleva su nombre. Es generalmente aceptado que Marcos redactó y tradujo al griego lo que el apóstol Pedro le dictó en arameo cuando los dos estaban en la cárcel en Roma mientras esperaban la ejecución de Pedro. El evangelio termina abruptamente con la resurrección de Cristo (Marcos 16:8) porque en este momento se presentaron las guardias para llevar a Pedro al martirio. La conclusión del evangelio (Marcos 16:9-20) es la obra de otro redactor.
Marcos había pasado años viajando con Pedro, traduciendo para él, escuchando las historias de sus experiencias vividas con Jesús hasta que las conocía de memoria. También era el compañero de Pablo y de Bernabé, quien era su tío o primo (Col. 4:10). Su madre, María, tenía una casa en Jerusalén (Hechos 12:12) donde los creyentes se reunían. Fue a su casa donde Pedro acudió después de su liberación milagrosa de la cárcel (Hechos 12:3-19). Así que Marcos conocía a Pedro desde comienzos de la iglesia. Tan fuerte llegó a ser el amor que unía a estos dos hombre que Pedro se refería a Juan Marcos como “su hijo” (1 Pedro 5:13).
Cuando Juan Marcos abandonó el equipo de Pablo, Pablo no quiso llevarle más con él, pero Bernabé quería darle otra oportunidad, así que se separaron y Pablo llevó a Silas con él y Bernabé llevó a Juan Marcos, quien a continuación mostró ser un colaborador leal y excelente. Pablo cambió su opinión de él y le tuvo mucho cariño. Hace mención de él varias veces: “Os saluda Aristarco, mi compañero de prisión, y Marcos, el primo de Bernabé, acerca del cual recibisteis instrucciones; si va vosotros, recibidlo” (Col. 4:10). Y: “Te saludan… mis colaboradores: Marcos, Aristarco, Demas y Lucas” (Fil. 24). Pablo pide que venga Marcos cuando está esperando su ejecución en la cárcel en Roma. Dice: “Solo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio” (2 Tim. 4:11). Así Marcos estaba con Pablo, además de estar con Pedro en sus últimos días, viendo como el uno, y luego el otro, fueron llevados a la muerte por su fidelidad a Jesús. ¡También estaba con Jesús en el arresto que condujo a su muerte, si era el joven que huyó desnudo de Getsemaní cuando los guardias prendieron a Jesús para sentenciarle a muerte (Marcos 14:51, 52)! ¡Qué experiencias más fuertes vivió ese hombre!
Tanto Pablo como Pedro fueron martirizados por las autoridades imperiales durante la persecución de Nerón. En este caso podemos datar el Evangelio de Marcos aproximadamente al año 65 d. C., probable año del martirio de Pablo y Pedro. Otros autores independientes[1] confirman la historicidad y autenticidad de este evangelio. Hermanos, lo que tenemos entre manos es un libro fidedigno del siglo I dictado por un testigo ocular de los eventos aquí narrados. ¡Nuestra fe descansa sobre una base segura!