MÁS DATOS SOBRE EL EVANGELIO DE MARCOS

“El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres y lo matarán” (9:31).
Si el testimonio de Clemente de Alejandría es cierto, el Evangelio de Marcos fue escrito en Roma, a petición de los romanos, en el momento de la terrible persecución de los cristianos bajo Nerón, aun poniendo en peligro la vida de su autor. Este dato constituye una evidencia más de la valentía de Marcos en su etapa de madurez. Ya no es aquel joven que huyó de Getsemaní, ni el que desertó a Pablo en su viaje misionero, sino un hombre plenamente dispuesto a pagar el último precio por su lealtad a Cristo.
El propósito del Evangelio de Marcos es presentar a Jesús de Nazaret como el Mesías que nos salva a través de su muerte y resurrección. Jesús mismo, su persona y obra, son el tema principal del libro. En el siglo I la crucifixión era la muerte más terrible y vergonzosa que una persona podía sufrir; era escandaloso aun sugerir que un hombre crucificado podría ser el Mesías esperado. Marcos escribe para convencer a sus lectores que este hombre crucificado es efectivamente el Mesías y el Hijo de Dios, que esto siempre fue el plan de salvación determinado por Dios, y que tanto los milagros de Cristo como su muerte y resurrección lo vindican. Así que la primera parte del Evangelio habla de la autoridad del Jesús como Mesías e Hijo de Dios, mostrada por las grandes obras que realizó, y la segunda parte versa sobre su sufrimiento y muerte. En esencia, el Evangelio de Marcos es una apología de la cruz para personas que tuvieron dificultades para creer que el Mesías de Dios podría ser un hombre crucificado.
El tema secundario del Evangelio de Marcos es que la cruz fue necesaria no solamente para Jesús, sino también para sus seguidores. Tenemos que estar dispuestos a pagar un precio muy alto para seguir a Cristo, hasta la misma muerte. Este énfasis es muy comprensible si recordamos que el Evangelio de Marcos se escribió en el contexto de la muerte de Pedro por su fe y la terrible persecución de la iglesia que se desató bajo el emperador Nerón. La pasión de Cristo sirve de ejemplo, modelo y patrón para los discípulos del Maestro. Aquí tenemos un ejemplo: “El Hijo del Hombre debe padecer muchas cosas y ser desechado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser matado” (8:31); y el discípulo es igual que su Maestro: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, porque el que quiera salvar su vida la perderá pero cualquiera que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará (8:34). Otro ejemplo: “He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte, y lo entregarán a los gentiles, y se burlarán de él, y lo escupirán, y lo azotarán y lo matarán” (10:33, 34); y el discípulo puede esperar lo mismo: “La copa que yo bebo beberéis, y con el bautismo con que o soy bautizado seréis bautizados” (10:39).
El mismo énfasis de Pedro al dictar el evangelio de Marcos se ve en sus cartas: “Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… no con cosas corruptibles, como la plata o el oro, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto” (1 Pedro1:18,19). Lo mismo es cierto de los discípulos de Cristo: “También Cristo padeció por vosotros, dejándoos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:21). De esto Pedro mismo fue ejemplo.