Énfasis y equilibrio (2)

“(Habéis sido) elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo… Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que… nos hizo renacer para una esperanza vida, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible… para vosotros que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación…” (1 Pedro 1:2).
Toda la Trinidad participa en nuestra salvación, cada miembro con su respectivo papel, pero, como hemos dicho, estos papeles dependen los unos de los otros. No habría salvación sin la obra de cada uno. En la historia de la Iglesia, y en las distintas denominaciones de hoy, vemos diferencias de énfasis. Algunas denominaciones hacen que casi toda la obra de salvación depende del Padre. Estas iglesias suelen ser fuertes en el estudio de la doctrina cristiana. Para otras denominaciones el énfasis recae sobre la obra de Cristo y se celebra la obra de la Cruz cada domingo, se cantan himnos centrados en la Cruz, y la mesa del Señor preside el culto. Suelen ser fuertes en el estudio de la Palabra. Para otras denominaciones el énfasis recae sobre la obra del Espíritu Santo: se busca sus dones, su unción, su bautismo, su poder y su dirección, Estas iglesias son fuertes en la oración y la evangelización. Juntándolo todo, tenemos la Iglesia de Cristo. Y esta Iglesia se puede comparar a un cuerpo en el cual cada miembro (o, en este caso, cada denominación) es necesario. Nuestra unión no consiste en tener la misma teología o en ser de la misma denominación, sino en el Espíritu, en haber sido regenerados por la obra del Espíritu en virtud de la sangre de Cristo y la elección del Padre. Todos los creyentes que han nacido de nuevo por obra del Espíritu Santo son hermanos e hijos de un mismo Padre.
Nuestras diferencias son para aprender de los puntos fuertes de cada denominación, con humildad y aprecio para el hermano; nunca son para discutir. Todos tenemos mucho que aprender: “Ahora vemos por espejo, oscuramente, mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Cor. 13:12, 13). Discutir nunca convence a nada de nada. ¡Al final cada uno cree lo que creía antes! El amor es lo que perdura.
También hay diferencias de énfasis en cuanto al papel respectivo de Dios y el hombre en la salvación de una persona. Algunos creen que Dios tiene el papel predominante y otros creen que el hombre es la clave. A lo largo de la historia de la Iglesia este tema ha sido causa de polémica. Cada uno con la Biblia en la mano defiende su postura, y cada uno tiene razón, porque hay versículos que apoyan ambas posturas. La soberanía de Dios y la libertad del hombre son dos temas enseñados en las Escrituras, son paralelos y operan en diferentes esferas a la vez, y son demasiado profundos para que nuestra mente humana los domine perfectamente y los encierre en palabras humanas. En cuanto a estas grandes verdades, lo mejor es escuchar al otro, aprender, enriquecernos con sus conocimientos, y adorar conmovidos. Dios es asombroso. Excede nuestro entendimiento. ¡Qué grande es el Señor y cuán perfectos son sus caminos. ¡Cuánto amor hay detrás de sus designios! En cuanto a su salvación solo podemos exclamar: “¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen!” (Salmo 31:19). Alabado seas, tú, Señor.